El peligro de los incitadores

El peligro de los incitadores

La Torá nos advierte acerca de dos clases de incitadores: por un lado, el profeta falso que hace uso de signos y prodigios y por otra parte, el incitador en el seno de la familia. La comparación entre ambos nos indica que la Torá sospecha más del segundo tipo.

En el capítulo 13, Moshé advierte a los hijos de Israel sobre dos clases de incitadores. El primero de ellos es un falso profeta, que está capacitado para realizar un signo o prodigio para fundamentar sus palabras, y la persona, en efecto, se halla ante una gran prueba de fe, ¿acaso será tentada por este profeta y sus milagros? Se trata de un afrontamiento complejo, ya que a continuación la Torá nos indica que tiene asidero dar signos y prodigios para verificar los conceptos del profeta (Capítulo 18, versículos 21-22) y la persona debe saber que tienen validez limitada y no pueden ser utilizados como evidencia para la práctica de la idolatría.

No obstante, en la continuidad del capítulo queda claro, que hay un peligro aún mayor que este del falso profeta: “Cuando te incitare tu hermano, hijo de tu madre o tu hijo o tu hija o la mujer de tu regazo, o tu amigo, que es como tu ser, en oculto diciendo: Vamos, adoremos otros dioses” (Versículo 7). Parece que a pesar de que el familiar cercano o el querido amigo no dan un signo o milagro, como el falso profeta, de todos modos, su influencia puede llegar a ser aún mayor.

Así se infiere del hecho de que mientras respecto al falso profeta, a Moshé le resulta suficiente con una advertencia-“No habrás de escuchar las palabras del profeta aquel” (Versículo 4), he aquí, que en relación al familiar o al amigo del alma hay un agregado-“No le consentirás ni le escucharás” (Versículo 9). Más aún, en referencia a la ley del profeta falso sólo fue citado-“habrá de ser muerto” (Versículo 6), mientras que con respecto al pariente o al amigo figura-“Lo lapidarás con piedras y será muerto…y todo Israel lo oirán y temerán” (Versículos 11-12). Por supuesto, existe el temor de que incluso si la persona no está convencida, de todos modos habrá de apiadarse del incitador querido y no habrá de divulgar el intento de incitación, y por consiguiente, la Torá advierte-“y que no se apiade tu ojo sobre él, ni le tengas compasión ni le encubras” (Versículo 9)

Existe otro aspecto en el caso del incitador querido, que no está enfatizado en el caso del profeta falso. En la descripción de la incitación del profeta falso se señala-“Vamos en pos de otros dioses, a quien no has conocido, y adorémoslos” (Versículo 3), mientras que en el caso del familiar o el amigo se agrega-“Vamos, adoremos a otros dioses que no has conocido, ni tú ni tus padres” (Versículo 7). Precisamente, cuando el incitador proviene del hogar, se destaca que el abandono del camino de Dios no es solamente una ofensa a Dios, sino también un daño a la tradición familiar de muchas generaciones.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Nekudat Ptijá" publicado por el Instituto "Tzomet".

 

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