El Tabernáculo de Dios él ha mancillado

El Tabernáculo de Dios él ha mancillado

 La prohibición de ingresar al Santuario en estado de impureza, emana del hecho de que el ingreso del hombre impuro impurifica el Santuario. La Torá no se focaliza en la gravedad del acto sino en el deterioro metafísico que la persona provoca en el Santuario. Debemos internalizar que cada acción que realizamos tiene amplias derivaciones.

En forma general, podemos hacer referencia a dos clases de pecados. En numerosas ocasiones, la Torá prohíbe un determinado acto debido a la gravedad del acto propiamente dicho. El consumo de Jametz (leudante) está prohibido ya que la Torá considera que el acto propiamente dicho de la ingesta provoca cierto desdén. En otros casos, la Torá prohíbe una acción no por el acto propiamente dicho sino por sus graves consecuencias.

La prohibición de ingresar al Santuario en estado de impureza pertenece a la segunda clase de pecados. A pesar de que la Torá ciertamente considera el ingreso propiamente dicho como “tabú”, ya que aparentemente es lo suficientemente grave como para ser penado con azotes, la gravedad del acto, que se manifiesta en el castigo de que la persona es truncada del seno del pueblo, está supeditado a la consecuencia del ingreso, o sea, en el estado de impureza del Santuario. A pesar de que desde el aspecto Halájico-formal la atmósfera del Santuario no puede ser impurificada, el ingreso de una persona en estado de impureza

“impurifica el Santuario”. La Torá no se centra en la gravedad del acto en sí mismo sino en el deterioro metafísico que le ocasiona al Mishkán (Tabernáculo”).

Este concepto figura en otro sitio. La Tor prohíbe la ceremonia del Molej con las palabras “ya que de su descendencia él ha ofrecido al Molej, para impurificar mi Santuario, y para profanar el nombre de mi santidad” (Vaikrá capítulo 20, versículo 3). ¿Cuál es la relación entre la ceremonia del Molej y la impurificación del Santuario? De hecho, es lógico de suponer que dicha ceremonia no era realizada en el mismo Santuario. Rashi, un tanto perturbado por este interrogante, explicó que en nuestro contexto “Mi Santuario” significa “la asamblea de Israel que es consagrada para Mí”. Pues entonces, la ceremonia del Molej que es realizada públicamente, tiene una influencia perjudicial sobre toda la sociedad. La asamblea de Israel, como el Santuario, es un ente sagrado, cuya santidad es profanada por los pecados de las personas que la conforman.

Este enfoque, según el cual, nuestras acciones tienen amplias consecuencias, es lógico. La Mishná (Avot, capítulo 4, Mishná 2) refleja este enfoque al señalar: “Cada precepto genera un precepto y cada transgresión genera una transgresión”. Incluso cuando la persona asegura que sus malas acciones no tienen consecuencias reales, a nivel metafísico su mundo no queda indemne de un deterioro. Este es el mensaje de “el Tabernáculo de Dios, él ha mancillado” (Bamidbar capítulo 19, versículo 13). Debemos internalizar dicha enseñanza y actuar en consonancia con ella.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica "Har Etzion".

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