Las madres y profetizas judías

Las madres y profetizas judías

La Parashá JAIEI SARA nos enfrenta con la muerte de la primera de las madres judías, la fiel compañera de Abraham, Sara. El Talmud y el Midrash destacan innumerables veces su mérito y realmente Sara había alcanzado una altura profética, que según el Talmud en cierto sentido superaba a la del mismo Abraham. Este hecho es muy significativo, pues nos habla de la posición general de la mujer en el pueblo judío. La posición de las cuatro madres del pueblo judío en su historia es bien conocida: Sara, Rivka, Lea y Rajel, influyeron en el ulterior desenvolvimiento de la historia de Israel. Rivka envía a su hijo Iaakov a recibir las bendiciones paternas aun cuando Esav habla sido designado previamente, y la misma Rivka aconseja a Itzjak enviar a Jaacob a Aram a buscar allí para él una mujer. La madre judía de ningún modo podía convivir con las hijas de los Canaitas, y las mujeres de Esav no fueron del gusto de los patriarcas (Bereshit XVI 35) 

Bien conocidas son además las profetisas judías Miriam, Debora, y Julda. Debora además, juzgaba al pueblo judío y ella fue la que, ayudada por Barak, liberó a Israel del yugo de Siria. Julda por su parte, que vivió en tiempos del reino de Judá, causó una total reforma y revolución moral-religiosa juntamente con los grandes profetas posteriores. Por otra parte las heroínas judías dejaron grabadas en la historia judía páginas de valor insospechado. Iael que ultimó a Sisra, Esther, Yehudit, y por último las hijas judías que a costa de su sangre defendieron su honor y el honor del pueblo judío todo.

Por otra parte a la mujer ha dedicado la Torá leyes especiales y muchos proverbios de los sabios judíos se refieren a ella y al respeto y amor que se le debe:

"Ame el hombre a su mujer como a sí mismo y hónrela más que a sí mismo” (Yebamot 626)

"Que el hombre coma, beba, y se vista menos que de lo que le permiten sus recursos, pero que honre a su mujer más de los que le permiten sus recursos” (Julin 84a)

"El que toma mujer virtuosa es como si cumpliera todos los preceptos de la ley”        (Yalkuth Ruth 606)

“No se puede casar a una hija sin consentimiento " (Kidushim 26).

Estas pocas máximas extraídas al azar nos muestran la contemplación totalmente positiva de la mujer que caracteriza a los sabios del Talmud. La Unión conyugal ha sido en el pueblo judío durante generaciones la base de la realidad familiar, tal es así que todos los vicios y enfermedades productos de la infelicidad familiar no existían en el judaísmo. El alcoholismo hasta tanto la familia judía se conserva dentro de las marcos tradicionales es totalmente desconocido y otro tanto debe decirse de las enfermedades venéreas y otros vicios o enfermedades degenerativas. 

Sociológicamente estos hechos se traducían en una baja mortandad y gran aumento que singularizaba al pueblo judío en todo el transcurso de su historia. Sara nos representa típicamente a la mujer judía. Cuando Abraham se acerca a Egipto y deben fingir ser hermanos, Abraham se dirige a ella diciéndole:

“Y será cuando te verán los Egipcios, y dirán, "su mujer es", y me matarán y te dejarán viva", (Bereshit XII, 12).

Es interesante detenerse sobre las palabras de Abraham " y te dejarán viva ", palabras muy fáciles de comprender. No atemorizaba a Sara la muerte, la atemorizaba el quedar viva en manos de los abyectos Egipcios. Y Sara fue dos veces milagrosamente rescatada.

Si grande es el mérito moral de la madre judía, no menor es su mérito religioso. Ella debía seguir, o más bien ir a la par de Abraham en su revolución religiosa, y abandonar su hogar, su patria, su pasado, para dirigirse a nuevos insospechados y quizás inhóspitos horizontes. Sara se nos parece a si en sus dos aspectos, en su grandeza moral y religiosa. En la Parashá VAIERA la hallamos hospitalaria ante los tres peregrinos, pero la hallamos también inflexible ante Ishmael, al ver que sus actos no concordaban con el hogar que habitaba, y que su conducta moral dejaba mucho que desear, y si Abraham titubea D's le ordena seguir las palabras de Sara. Sara se halla pues firme en sus principios morales, y se nos aparece bellísima: " Se que eres muy bella " (XII. 11) pero que deja de lado las cuestiones materiales para dedicarse a su hogar y a su pueblo. Sara en fin, como Abraham cambió su nombre de Sarai a SARA. Sara como Abraham vivió la gran Revolución Religiosa del monoteísmo y como Abraham triunfó. Sara en fin es la que típicamente representa a la mujer que nos muestran los proverbios:

"Mujer fuerte, quién la hallará?

Porque su estima sobrepuja a las preciadas piedras.

El corazón de su marido está en ella confiada ....

Daralé ella bien y no mal

todos los días de su vida ..."


Los proverbios nos representan a la mujer activa y emprendedora que si “considero la heredad” si la heredad se agrado "compróla, y plantó viña del fruto de su mano".

“Su boca con Sabiduría y ley de clemencia en su lengua….

muchas mujeres hicieron el bien más tú las sobrepujaste a todas "

Y concluyen los proverbios con un último pensamiento.

"Engañosa es la gracia y vana la hermosura. La mujer que teme al Señor será alabada. 

Dadle el fruto de sus manos y alábenla en las puertas sus hechos”. ( Proverbios XXXI) 

Sara muere y es enterrada por Abraham en Kiriat Arba o Jebron, en la MEARAT HAMAJPELA, donde iban a ser enterrados Itzjak y Rivka, Iaakov y Lea. En la misma Parashá la Torá nos relata del casamiento de Itzjak con Rivka. Si Sara ha abandonado el hogar hebreo, Rivka debe reemplazarla, y la Torá nos relata que Rivka los consoló de la pérdida de la madre Sara. Realmente estos dos relatos están unidos y entrelazados entre sí, pues la mujer judía ha sido siempre uno de los principales pilares del hogar.

Abraham ordenó a Eliezer que busque una mujer para su hijo Itzjak, pero le ordena por sobre todo:

"Y te juramentare por el Señor D's de los cielos y D's de la Tierra que no has de tomar mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos entre los cuales yo habito. Sino que irás a mi tierra y a mi parentela y tomarás mujer para mi hijo Isaac " (XXIV 34)

De ninguna manera debe Isaac tomar como mujer a alguna de las idólatras canaanitas, mas esa no es la única advertencia, tampoco deberá salir Itzjak de ninguna manera de Eretz Israel. Cuando una sequía causa estragos en la Tierra Santa. D's prohíbe a Itzjak ir a Egipto, como lo había hecho Abraham. Itzjak simboliza especialmente la Santidad, el sacrificio al Señor y de ninguna manera debe ser esa santidad profanada, e Itzjak cumple el mandato divino y no abandona la tierra de sus antepasados, la Tierra de Israel.


Esta Parashá es también la última en la cual aparece el primer y máximo patriarca, Abraham. Desaparece su cuerpo, su representación material, más sus actos perduran por intermedio del pueblo que él formó y creó, La máxima expresión, con que la que la Torá se refiere a Abraham, es quizás la que nos indica lo antedicho:

“Porque yo lo he conocido, que mandará a sus hijos y a su casa después de sí que guarden el camino del Señor, haciendo justicia y juicio para que el señor haga venir sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él ". (Bereshit XVIII, 19 ).

Es interesante seguir a los distintos exegetas y detenerse con ellos en este versículo, digno de especial interés:

“למען אשר יצוה את בניו ואת ביתו אחריו"


Abraham es el escogido, pues con él no morirá la Revolución religiosa que realizó, por el contrario esta se transformara en "Tradición", y el Pueblo de Israel será el elegido al Señor. Mas la Torá nos muestra otro detalle importante: "mandará a sus hijos y a su casa después de sí". Lo trascendental en Abraham es que existía plena concordancia entre los principios que inculcaba y los que profesaba. No le inspiraban motivos personales, ni móviles secundarios, su fin era el ideal y su meta el bien, y solo es capaz de inculcar aquel que cree en la verdad de lo que enseña. Más aún, Abraham no "enseñaba" no hallaremos doctrinas, enseñanzas o escuelas filosóficas. Hallaremos los actos y Abraham muestra la senda "detrás de sí", la senda que muestran no su palabra sino sus actos. El Talmud nos  muestra que inmediatamente después la Torá nos habla del grito de "Sdom y Amora ha llegado a mí”. El JOJMA IM MAJALA ve en esto un alto pensamiento alegórico. Sdom seguramente también tenía predicadores y moralistas, que les mostraban las sendas del bien, pero solamente llegaba su grito: "el grito de Sdom y Amora". En modo alguno puede la sociedad basarse sobre aquellos predicadores de los cuales solo escuchamos bellas frases y dignos consejos. Un pueblo y una sociedad sólo pueden ser construidos por aquellos que personifican y materializan los ideales que predican.

Los tres patriarcas simbolizan la historia judía entera, y ellos son los conductores que iluminan la esencia del pueblo de Israel. Muchos símbolos judíos nos recuerdan a los patriarcas y las tres oraciones diarias corresponden a ellos. Etimológicamente la expresión "rezar" en Idish es Davenen, proviene del término hebreo-arameo Dabonan es decir "de los patriarcas" y simbólicamente podemos notar el intenso paralelismo entre las oraciones y los patriarcas: Abraham-Shajarit, Itzjak-Minja, y Iaakov-Maariv. Podemos interpretar simbólicamente este paralelismo. Abraham corresponde al despertar del judaísmo en el Universo, a la mañana. Podría ser representado por el Sol-Naciente, una nueva luz iluminando los espacios. Itzjak es el atardecer. Itzjak está íntimamente unida con la Akeda, el frustrado sacrificio, y simboliza la lucha del pueblo judío y su martirologia es el sol que comienza a declinar. Iaakov por su parte es el patriarca sobre el cual recayó el triste designio de la diáspora. Primero en Aran bajo Laban y luego en Egipto bajo el Faraón. Iaakov ya es el anochecer, es el Sol que oculta pero que luego volverá a resurgir. La historia del pueblo judío reflejo fielmente este proceso, más allí donde debemos detenernos es en la "resurrección". El ciclo de la naturaleza es el ciclo de la historia judía, más existen fuerzas sobrenaturales, y estas fuerzas son las que el judaísmo contiene. En este siglo XX nos detenemos a considerar y a analizar el problema del pueblo y del judaísmo. Más este no es un problema “actual" nacido por diversas circunstancias temporales. El judaísmo ha existido a pesar de todos los problemas y todas las vicisitudes y los grandes imperios se han extinguido, mientras que el judaísmo sobrevive, sirve y continúa:

"El eterno de Israel no mentirá, y la eternidad de Israel no nos defraudará".

Y resaltan aquí las palabras de Rabí Yehuda Halevi en su Cuzarí:

"Ni cuerpo somos, sino huesos esparcidos., como los que vio Ezequiel, y con todo esto en ellos quedó de la naturaleza de la vida... y son mejores que aquellos cuerpos humanos de piedras y cal con ojos que no ven, oídos que no oyen, y corazón que no siente, en los cuales no residió espíritu viviente, ni es posible que resida en ellos" (Cuzarí II, 30)

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