El primer versículo que abre el capítulo se sostiene por sí solo y trata sobre un enemigo cuyo nombre no es mencionado. El profeta amenaza al enemigo diciendo que en el momento en que haya terminado de robar y de pagar por ello, recibirá su recompensa y también pagará “Cuando acabares de saquear, tú serás saqueado” (versículo 1).
Súplica y salvación (versículos 2-6)
El pueblo se dirige a Dios solicitando la salvación “Oh Dios, ten piedad de nosotros, a Tí esperamos” (versículo 2). Dios responde al ruego del pueblo “Y será recogido vuestro despojo, como la oruga recoge (la hierba); como corren de aquí para allá las langostas, así correrán los hombres sobre él” (versículo 4), es decir-que el pueblo recoja el botín de sus enemigos como la langosta. Tras ello, el pueblo proclama a Dios como “Ensalzado es el Señor, porque Él habita en las alturas; ha llenado a Tzión de equidad y de justicia” (versículo 5).
El llanto por la destrucción y la reacción de Dios (Versículos 7-11)
Este pasaje se divide en dos: en la primera parte hay llanto por la destrucción y una descripción de una gran destrucción, y luego Dios reacciona y dice “¡Ahora Me levantaré, dice el Señor, ahora seré ensalzado, ahora seré glorificado!... Y serán los pueblos como combustiones de cal; (como) espinos cortados serán quemados en el fuego” (versículos 10-12)-los enemigos serán incinerados como crematorios y serán destruidos por completo.
El justo y el malvado (versículos 13-14)
Dios convoca a los alejados para que escuchen acerca de sus actividades y a raíz de ello-los malvados y los pecadores en Ierushalaim deben temer, ya que tal como el fuego de Dios exterminó a los enemigos, del mismo modo exterminará a los malvados y a los pecadores de Ierushalaim. A diferencia de ello, el justo no debe temer “éste morará en las alturas” (versículo 16).
Ierushalaim y su rey en la redención (versículos 17-24)
En este párrafo se describe la grandeza del rey, de Ierushalaim y de Dios. Se describe la belleza del rey, una descripción que simboliza una alabanza al rey: “Tus ojos contemplarán al rey en su hermosura” (versículo 17). Al igual que el rey, también Ierushalaim será una hermosura: “¡Mira a Tzión, ciudad de nuestras fiestas solemnes! Tus ojos verán a Ierushalaim, morada tranquila, tienda que no ha de removerse; sus estacas no serán arrancadas jamás, ni ninguna de sus cuerdas será rota” (versículo 20), después de estas descripciones, llega la descripción de la grandeza de Dios: “Porque el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; Él nos salvará” (versículo 22).