Nuestro capítulo trata sobre la salvación del pueblo de Israel. En el primer párrafo se describe cómo Dios salvará a Israel, y en el segundo párrafo hay una instrucción para que el pueblo salga del exilio y llegue a Ierushalaim.
Descripción de la salvación (versículos 1-9)
La profecía comienza con la declaración de Dios "A causa de Tzión no guardaré silencio, y a causa de Ierushalaim no descansaré; hasta que surja, como resplandor, su salvación, y su prosperidad como antorcha ardiente" (versículo 1), y desde aquí, el profeta describe la salvación que habrá en Ierushalaim. Como en el capítulo anterior, aquí también la salvación es descrita como la alegría de un novio y una novia: "y de la manera que el novio se regocija en la novia, así tu Dios se regocijará en ti” (versículo 5). El profeta describe cómo Dios colocará guardianes sobre las murallas de Ierushalaim: "Sobre tus muros, oh Ierushalaim, he puesto centinelas, los cuales, todo el día y toda la noche, nunca reposarán" (versículo 6), la agricultura será buena y los enemigos no comerán de la cosecha de Israel.
Aliento y salida del exilio (versículos 10-12)
El profeta llama a los israelitas que viven en el exilio a salir de él y ascender a Ierushalaim: "¡Pasen, pasen por las puertas! ¡Despejen el camino para el pueblo! ¡Allanen, allanen la calzada! ¡Recojan las piedras! ¡Levanten bandera para los pueblos! (de donde llegan los hebreos)" (versículo 10). Al mismo tiempo, el profeta alienta a Ierushalaim, diciéndole que su pueblo regresa a ella y no quedará abandonada: "y serás tú llamada "Buscada", "Ciudad no desamparada” (versículo 12).