Pedido a Dios para salir a la guerra como en el pasado (versículos 1-3)
Este párrafo está conectado al último versículo del capítulo anterior: "¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras, para que las montañas se derritieran a Tu presencia!”- el pueblo espera que Dios descienda para ayudarlos, tal como lo hizo en el pasado. En los versículos 1-3 hay una descripción de cómo la revelación de Dios durante la guerra es dramática y amenazante: " Como el fuego prende el ramaje seco, y el fuego hace hervir el agua, así darías a conocer a Tus enemigos Tu nombre, para que temblaran las naciones a Tu presencia" (versículo 1).
El pecado está relacionado con el ocultamiento de Dios (versículos 4-6)
Los referentes acusan a Dios de haber matado a los justos: "Sales al encuentro del que se regocija en obrar justicia, de los que en Tus caminos se acuerdan de Ti" (versículo 4), y explican que sus pecados provienen del enojo de Dios hacia ellos: "mas he aquí que Tú estás enojado, por cuanto hemos pecado; en los pecados hemos perseverado de largo tiempo, ¿y podremos acaso ser salvos?” (versículo 4) - debido a que Dios se enojó con ellos, continuaron pecando. El pueblo continúa argumentando que el ocultamiento de Dios les permite seguir pecando: "No hay quien invoque tu nombre, que se despierte para asirse de ti; porque has escondido de nosotros tu rostro y nos has entregado en poder de nuestras iniquidades". (Así lo interpreta Shadal, acrónimo de Shmuel David Luzzatto, 1800-1865. Muchos de los comentaristas lo explican de otra manera. Según ellos, la intención de las palabras del pueblo es que Dios se enojó con ellos porque pecaron. El segundo argumento es que el ocultamiento de Dios hace que se vayan desvaneciendo. La diferencia entre ambas interpretaciones es abismal. Según Shadal, hay aquí una queja y enojo hacia Dios, mientras que según los demás comentaristas, estamos ante una confesión del pueblo por sus pecados).
Súplica y queja por la destrucción (versículos 7-11)
El pueblo pide a Dios que no continúe castigándolos: " ¡No te enojes, oh Señor, hasta el extremo, ni Te acuerdes para siempre de la iniquidad! ¡He aquí, mira, Te rogamos, que todos nosotros somos pueblo Tuyo!" (versículo 8), ya que han sufrido lo suficiente: " Nuestra casa santa y hermosa, en la cual nuestros padres Te alabaron, fue quemada a fuego, y todos nuestros sitios deliciosos han sido desolados. ¿A vista de estas cosas podrás contenerTe, oh Señor? ¿Guardarás silencio, y nos afligirás hasta el extremo?” (versículos 10-11).