La denuncia de los Zifim y la persecución de Shaúl a David (Versículos 1-4)
Tal como lo hicieron en el capítulo 24, una vez más los Zifim le informan a Shaúl sobre el sitio donde se halla David. Shaúl confía en ellos e inmediatamente sale en busca de David. Mientras tanto, David escucha que Shaúl está por llegar al lugar y certifica que ha llegado por medio del envío de espías.
David se apiada de la vida de Shaúl y le quita la lanza (Versículos 5-12)
David llega al lugar donde se encuentran Shaúl y sus hombres, y descubre que todos duermen. David lleva consigo a Avishai y desciende al círculo de los durmientes. Como en la ocasión anterior, tampoco ahora David está dispuesto a hacerle daño a Shaúl, a a pesar de los ruegos de Avishai. David toma la lanza y la vasija de agua que está debajo de su cabeza y ambos se retiran rápidamente del lugar. Los hombres de Shaúl no despiertan “ya que un sueño profundo de parte del Señor había caído sobre ellos” (Versiculo 12)
El discurso de David y la confesión de Shaúl (Versículos 13-25)
Ahora, David se encuentra en la montaña a una gran distancia, de modo que Shaúl no puede hacerle daño, pero lo suficientemente cerca para que Shaúl y sus hombres lo oigan. Primero David lo reprende a Avner por su negligencia en la custodia del rey, y cuando Shaúl se suma a la conversación, David trata de explicarle que la persecución no tiene sentido. Shaul se lamenta nuevamente, y dice “He pecado”. Esta es la última vez que David y Shaúl se encuentran cara a cara. La próxima vez que ambos sean mencionados en el relato, será en el lamento de David tras la muerte de Shaúl.