Redención (Versículos 1-3)
Después de que el profeta describiera la inminente destrucción del reino de Israel en el capítulo anterior, aquí describe el proceso de redención “el número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no puede ser medida ni contada… Y los hijos de Iehudá y los hijos de Israel serán reunidos los unos con los otros, y constituirán sobre sí un solo jefe; y subirán desde la tierra (de su cautiverio)” (Versículos 1-2). En el capítulo anterior el profeta tuvo tres hijos, quienes recibieron nombres que simbolizan la destrucción del reino de Israel: Izreel, Lo Rujama, Lo Amí. Aquí, el profeta vuelve a mencionar los nombres desde un aspecto positivo: “y acontecerá que en el lugar de decírseles: "No son Mi pueblo (Lo Amí)", se les dirá: ¡Hijos del Dios vivo!” (versículo1); “porque grande será el día de Izreel” (Versículo 2); “Llamen, pues, a vuestros hermanos Amí (Mi pueblo) y a vuestras hermanas Rujama (Compadecida)” (Versículo 3).
La traición del pueblo de Israel a Dios (Versículos 4-15)
En esta párrafo, el profeta describe las relaciones entre el pueblo de Israel y Dios como una relación entre un hombre y una mujer “¡Contiendan contra vuestra madre, contiendan, porque ella no es mi mujer, ni yo soy su marido” (Versículo 4). El profeta describe la traición del pueblo de Israel a Dios: “porque ella ha dicho: "Iré en pos de mis amantes, los cuales me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis licores” (versículo 7). La traición del pueblo de Israel a Dios es la retribución de algo malo tras haber recibido algo bueno, ya que Dios se ocupó de ocuparse y desarrollar a Israel” Porque ella no considera que Yo le daba el trigo, y el mosto, y el aceite; y que Yo le multiplicaba la plata y el oro” (versículo 10), y ahora, Dios le quitará todo lo bueno “Y devastaré sus vides y sus higueras, de las cuales ella decía: "Éstas son mi galardón, el cual me han dado mis amantes"; y las convertiré en bosque, y las bestias del campo las comerán… Y castigaré en ella los días de los Báales, en que les quemaba incienso” (versículos 14-15).
La reconciliación (Versículos 16-25)
A pesar de la traición del pueblo de Israel, el profeta describe cómo Dios volverá a cortejar a Israel: “Por tanto Yo la atraeré y la llevaré al desierto, y le hablaré cariñosamente. Y (trayéndola) desde allí, le devolveré sus viñas; y el valle de aflicción será como puerta de esperanza; y ella responderá allí (a la llamada del Señor) como en los días de su mocedad, es decir, como en el día que subió de Egipto” (Versículos 16-17). Dios acordará un pacto con el pueblo de Israel, como si fuera un compromiso “Y te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia, y en derecho, y en misericordia y en compasiones; También te desposaré conmigo en fidelidad, y tu conocerás al Señor” (Versículos 21-22). Al final del párrafo, el profeta vuelve a mencionar el nombre de sus hijos, con una connotación positiva: “Y la tierra responderá al trigo y al mosto y al aceite; y ellos responderán a Izreel. Y lo sembraré para Mí mismo en la tierra; y Me compadeceré de Lo rujama (la no compadecida), y al que dije que no era Mi pueblo (Ló Ami), (le diré): "¡Pueblo Mío eres!", y él (Me) dirá (a Mí): ¡Tú eres mi Dios!” (Versículos 24-25).