“Y le dijo Moisés a los jefes de las tribus de los hijos de Israel: Esto es lo que ha dicho el Eterno, si un hombre formulare un voto al Eterno o se comprometiere con un juramento, no violará su palabra. Obrará conforme a todo lo que haya dicho su boca.”
(Números 30, 2-3)
Pregunta: ¿Por qué está escrito el precepto de los votos en este lugar justamente? ¿Por qué es tan importante legislar acerca de lo que la gente habla y se compromete? ¿No debería dejarse ese asunto para que cada quien juzgue en forma personal sus palabras?
Respuesta:
Abarbanel discrepa con otros comentaristas (como IBN EZRA) acerca del principio que no hay antes y después en la Torá (Ein mukdam umeujar baTorá). El autor es consistente en la idea que si el texto lleva una secuencia, es por algo y debe necesariamente ser correlativo a los acontecimientos históricos.
Por tanto, esta Mitzvá de cumplimiento de los votos y su anulación tuvo efectivamente lugar después de pasados los 40 años, y justo después de que D-s le anunció a Moisés su próxima muerte; tal como está escrito: “Y le dijo el Eterno a Moisés: sube al monte Abarim y contempla la tierra que he dado a los hijos de Israel, cuando la hayas visto serás reunido con tu pueblo (morirás)...” (ibid 27, 12)
No hay duda de que todas las Mitzvót y sus detalles fueron ordenadas a Moisés en el monte Sinai; sin embargo, no todas fueron subsecuentemente enseñadas al pueblo de inmediato, sino conforme se fueron necesitando y aplicando. Así entonces, hasta este momento el mismo Moisés se encargaba de la anulación de votos y la legislación sobre promesas personales, pero una vez que le fuera anunciada su muerte, vio la necesidad de transmitir esta sabiduría a los próximos dirigentes.
Con respecto a la pregunta de la importancia de legislar sobre las promesas y votos de cada persona, esta ordenanza nos viene a recalcar la gran trascendencia que tiene la palabra. Rabi Yehuda Halevi en su libro El Cuzarí, define al hombre como un ser parlante (Medaber), y eso es lo que lo diferencia precisamente del mundo animal (Jai). Es por esto que Abarbanel detalla en la expresión: “lo iajel debaró” (ibid 30,3) (no violará su palabra), explicando que la palabra “iajel” proviene del término “julin”, o sea profanación. Esto implicaría reducir la condición humana a niveles animales: al no dar importancia a lo que sale de su boca, no habría diferencia entre sus palabras y un mugido o ladrido.
Es muy común hoy en día observar cómo gente que utiliza demasiado la expresión “te juro” o “te prometo” es menos factible a ser tomada en serio que alguien que cuida y mide más sus palabras.